El patrimonio más monumental que conserva Tossa de Mar es el recinto medieval amurallado de la Vila Vella, con sus torres y murallas que se extienden por una colina rocosa sobre la villa moderna y acaban abruptamente sobre la playa del Codolar.
Las murallas de la Vila Vella son monumento histórico-artístico nacional y el único ejemplo de población medieval fortificada todavía existente en la costa catalana.

Vista parcial de la muralla
En sus orígenes el lugar de Vila Vella debió ser la fortaleza de una antigua población que inicialmente se extendería entorno la bahía de Tossa y que existía ya en la época romana con el nombre de Turissa.
El recinto amurallado, construido a finales del siglo XII está formado por notables muros de mampostería almenados, tres grandes torres cilíndricas rematadas en lo alto por matacanes y cuatro torreones que refuerzan la cortina de la muralla.
Las tres grandes son: la del Codolar, llamada también del Homenaje, que estaba anexa al palacio o residencia de los
castlans o alcaldes y después del gobernador; la torre de Les Hores, cerca de la puerta de entrada en la villa, llamada así porque tenía el primer reloj público; y la torre de Joanàs, situada más a levante sobre una roca que domina el mar.

Iglesia de Sant Vicenç
En el punto más alto de la Vila Vella, (llamada en la Edad Media
Mont Guardí), quedan los restos de la primitiva iglesia parroquial de San Vicenç. Ahora sólo le queda la cabecera o ábside y un fragmento de la nave. Se trata de una obra gótica construida a finales del siglo XIV o principios del siglo XV.
La Vila Vella tiene estrechas callejuelas, escalinatas y pavimentos de canto rodado y casas con bonitos ventanales góticos. Se comunica con la Villa nueva, formada a partir del siglo XVI, mediante un bonito portal dovelado. Esta Villa Nueva creció cuando desapareció el peligro de la piratería. Entre los siglos XV y XVIII el censo de Tossa osciló entre 400 y 500 habitantes y contaba con unas 80 casas.